viernes, 18 de septiembre de 2009

Quince años, tres manzanas y una vida. (Extracto)

Una vez más, como tantas otras noches desde hace más de doce años, Ramón María se despierta tiritando y empapado en sudor, ahogando un agónico grito entre sus dientes. Es completamente consciente de que se trata una vez más de la misma pesadilla, una recurrente historia de horror que le obliga a despertarse todos los días en mitad de la noche, desgarrando su descanso desde hace tanto tiempo que ni siquiera recuerda lo que es conciliar el sueño de un tirón hasta el amanecer.

En la oscuridad de una habitación que no es la suya, una vez superado el estupor del momento, y recordando que se encuentra en una habitación de hotel, alarga el brazo por puro instinto hacia la derecha, intentando encontrar un interruptor, un cordón de enchufe, o algo que le ayude a orientarse y a disipar la fría y poco familiar negrura que le rodea.

Los espasmos y temblores que aun afectan a su coordinación hacen que derribe un objeto, que por el sonido que hace al chocar y hacerse añicos contra el suelo, parece ser un vaso de cristal.

- ¡Mierda!- exclama para sí mismo, recordando el rayado vaso del baño que una vez desprovisto de su plástico sanitario le sirvió para transportar medio litro de Johnny Walker de la botella a su garganta, y que en medio de la borrachera debió de posar en la mesita de noche.

Tanteando con más cuidado a su alrededor, consigue rozar lo que parece ser una cadenita que cuelga de la lámpara, y tirando suavemente de ella, una difusa luz anaranjada se enciende frente a su cara.

Está completamente desnudo, con un amasijo de sábanas y colcha revueltas adheridas a su piel por el efecto del sudor. De hecho, la mitad de su cuerpo reposa directamente sobre el colchón, sin sábana bajera que lo cubra, efecto que le hace pegar un respingo de repulsión y retirarse al instante, puesto que es una sensación que siempre le ha resultado sumamente desagradable, sobre todo en camas ajenas.

Le duele la cabeza, y aunque a duras penas consigue reprimir la tiritona que le ha causado la terrible pesadilla, al menos ya no tiene ataques de angustia, puesto que su cuerpo parece haberse acostumbrado a ellas. No obstante siempre suele despertarse un poco sonado, como un boxeador tras haber recibido un fuerte directo a la sien, y ahora la resaca no le ayuda a mejorar esta situación, por lo que se incorpora muy despacio, sentándose en el borde de la cama, en mitad de una extraña y cutre habitación de pensión barata.

Se pregunta donde habrá dejado sus pastillas. Despacio, tambaleante, sorteando la parte que debe de estar llena de cristales rotos, se acerca a la puerta del baño, que cruje al abrirse. El suelo está frio bajo sus pies descalzos. Se aproxima al váter y levantando la tapa, una cívica costumbre que aprendió durante los años de facultad en los que convivió con chicas en un piso compartido, sujeta su pene con una mano, y se concentra en descargar una larga, cálida y reconfortante meada en el inodoro, preguntándose donde estarán sus pastillas para el dolor de cabeza. Tras tirar de la cadena, se acerca al armario de lámina corredera, donde debió arrojar ayer su bolsa nada más inscribirse en recepción y subir a su habitación. Abriendo la cremallera e introduciendo dentro medio brazo, Ramón María tantea el interior de su bolsa, y buscando su pastillero, aparta instintivamente la ropa arrugada y otros objetos de forma apresurada. De repente, sus dedos tocan un pesado y frio objeto metálico.

Su mero contacto le produce un sentimiento reconfortante, que le invita a recorrer con sus manos toda la superficie dejándose llevar por la grata sensación del acero.

lunes, 14 de septiembre de 2009

El regreso

Tras unos largos meses de descanso blogueril, y encuadrado en ese conjunto de autocompromisos que todos nos hacemos con la llegada de Septiembre, voy a retomar este asunto una vez más, y me he prometido a mi mismo que escribiré y colgaré cositas con cierta asiduidad.

Nada ni nadie me obliga, puesto que tras un largo periodo de sequía y barbecho, pocas entradas y lecturas voy a tener. No obstante, yo que soy un tipo de naturaleza desordenada y hábitos muy alejados de cualquier disciplina prusiana, me tengo que marcar ciertos objetivos, que sin afianzarse como normas, me obliguen a hacer esas pequeñas cosas que me gustan y al mismo tiempo me dan pereza.

Comenzaré narrando a grosso modo, que tras el anhelado y cumplido viaje a la Habana y a Cuba antes de que se muriera Fidel, no siendo amigo yo de los blancos y los negros, sino más cercano siempre a los grises, regresé con un hondo sentimiento agridulce, descubriendo todo lo bueno de la revolución, de esa maravillosa patria, de la gente cubana, pero también entendiendo todo lo malo, todo aquello que muchas veces se oculta bajo el telón de la utopía y de la nostalgia idealista que nos empaña los ojos, e interiorizando la desesperanza de un futuro incierto, aunque bastante oscuro.

Después de Cuba, no hay mucho que contar hasta la llegada del verano. Apenas dieciséis días en agosto, que dieron de sí para un par de jornadas en Barcelona, donde lo mejor fue visitar la exposición de Robert Capa y Gerda Taro en el MNAC. Nueve días en Menorca, disfrutando de sus hermosas playas, y de sus fiestas de cabals o jaleos, de los que al igual que hace dos años, en cuanto las seleccione, colgaré unas cuantas fotos, pues son bastante espectaculares. Por último tres días en Girona y alrededores. Maravillosa provincia, en la que destacaré la visita a Figueres, y al Museo Teatro Dalí, coincidiendo con el festival de música en la calle "Acústica", Besalú, Camproudon, Girona capital, Cadaqués...y aprovecho para dar las gracias a Almudena, Enriq, y Amiru, por acogernos en su precioso molino cerca de Olot, y a Paco por abrirnos siempre su morada menorquina.

Y ya estamos en septiembre, y me ha dado por cuidarme, y por hacer cosas raras como salir a correr o tirar al arco (será la depresión de los 32), y por retomar este Blog. Y como soy un tipo de palabra, supongo que al menos por un tiempo, me dejaré caer bastante por aquí.











jueves, 2 de julio de 2009

martes, 14 de abril de 2009

domingo, 15 de marzo de 2009

Cuatro bodas y un funeral

H and me en una iglesia...ummm raro.

Canción de exaltación de la amistad

Se nota que son chicas sanas y deportistas...ahí con sus bebidas isotónicas

El novio se pone cariñoso después de la boda...fotos no!!!

El arpista ciego....¿el arpa era de exposición?


Ayer comenzó el carrusel de bodas que colorean mi agenda anual en los próximos meses. Van a ser cuatro en total, todas de mis amigos de la infancia, que en un alarde de oportunismo, han decidido pasar por la vicaría uno detrás de otro en apenas 6 meses.

El caso es que por un lado, cada una de estas celebraciones con sus respectivas despedidas, suponen atizarle a nuestros ya no tan jóvenes cuerpos una dosis de fiesta de las de órdago (la que nos corrimos ayer fue muy épica), y por otro, un importante gasto adicional a nuestras ya de por si exprimidas economías. El otro día casi abro una cuenta-bodorrios en paralelo a la cuenta-vivienda, porque ante tanta necesidad de liquidez hay que organizarse.

La verdad es que en general son actos divertidos, no exentos de una particular parafernalia y protocolo, que nos gusten más o menos, nos están sirviendo a todos para volver a estrechar lazos y escribir nuevas aventuras que renueven nuestro anecdotario particular.

Lo que me preocupa es que no sé si voy a sobrevivir a tanta celebración, y como el título de la conocida película de Mike Newell protagonizada por el tontaina de Hugh Grant y la reina de las cremas faciales Andie Macdowell, creo que además de las cuatro bodas, puede que tengamos que lamentar algún funeral, puesto que en general, conformamos un grupo bastante “peterpanesco” que no sabe celebrar nada que vaya unido a la palabra moderación.

Está claro que en este post los que hablan por mí son la resaca y el mal cuerpo, pero es cierto que ya han quedado muy lejos aquellos tiempos en los que tras una noche “loca” como la de ayer, me levantaba a las diez de la mañana y me iba a jugar al baloncesto. Hoy me he despertado roto, y apenas podía ir a por el pan y el periódico. Cosas de la edad, que es traicionera y no perdona.

A pesar del duro domingo post-celebración, he de reconocer que la boda de Luís e Ido fue realmente divertida, y aprovecho esta entrada para felicitarles una vez más y desearles un maravilloso futuro juntos.

lunes, 16 de febrero de 2009

¿Es verdad?



Ocho hombres salieron de aquel avión una tarde de agosto. Iban encadenados por los pies, con gruesos grilletes alrededor de sus tobillos, y calurosas capuchas de fieltro empapadas de sudor cubriendo sus cabezas. En fila, escoltados por uniformados hombres armados hasta los dientes, recorrieron, paso a paso, la distancia que separaba la escalera del aeroplano hasta una furgoneta blindada aparcada bajo el ardiente sol.

No veían nada, apenas entendían las voces de sus captores, simplemente se mantenían en pie y caminaban sin rechistar bajo un mar de gritos, empujones y pescozones que les marcaban el camino.

Ni una sola queja, ni una protesta, sólo quizás un leve jadeo que salía de sus gargantas resecas, de sus labios cortados, indicando a través de sus capuchas el esfuerzo al que estaban siendo sometidos, privados hacía ya muchas horas de alimento, de luz y de orientación.

Sabían que era de día, puesto que la luz atravesaba débilmente la tela que cubría sus ojos, y el calor del sol y una fuerte humedad les hacían sudar abundantemente, empapando aun más aquellas malditas ropas que no eran suyas, unos simples y baratos uniformes de preso que picaban y hedían tras el largo y doloroso vuelo al que habían sido sometidos.

Uno de los presos había conseguido mantenerse alerta y despierto, calculando no menos de ocho horas de viaje. Sentados en el suelo, maniatados y privados de movimiento, les habían dejado levantarse una sola vez para ir al baño y no hacerse encima sus necesidades. Les dolían las articulaciones y la espalda, y tenían un hambre de mil demonios.

Y sin embargo, todas esas privaciones, la tortura a la que habían sido sometidos, el calor y la injusticia de verse repentinamente secuestrados de sus casas y separados de sus familias, no eran nada comparados con todo lo que les esperaba a partir de ese momento. Ninguno de los ocho podía imaginar en ese preciso instante, los duros meses de incomunicación, de martirio y de torturas a los que iban a ser sometidos.

Tampoco podían comprender la injusta paradoja de estar pisando uno de los lugares más bellos de la tierra, y al mismo tiempo, que ese caminar les dirigiera irremediablemente hacia las puertas del infierno.

¿Es verdad? Por Osama Abu Kabir.

"¿Es cierto que tras la lluvia crece la hierba?
¿Es cierto que las flores saldrán en primavera?
¿Es cierto que las aves migrarán a casa?
¿Es cierto que el salmón contra corriente nada?
Es cierto. Claro que es cierto. Todos son milagros.
Pero ¿es cierto que un día saldremos de Guantánamo?
¿Es cierto que un día volveremos a nuestro hogar?
Yo viajo en sueños, sueño con regresar.
Y estar con mis hijos, que son parte de mí;
y estar con mi esposa y con los que perdí;
y estar con mis padres, el corazón más tierno de la tierra.
Sueño con volver a casa, salir de esta oscura celda.
¿Me oye, juez? ¿Me oye acaso?
Somos inocentes, no hemos cometido pecado.
¡Libéreme, libérenos si aún queda
justicia y compasión en esta tierra!"

lunes, 9 de febrero de 2009